Como impelido por el viento, este pequeño -pero añejo hombre- avanzaba por una calle repleta de árboles y barro. Sauces, pinos, álamos y enormes montañas nevadas generaban un gran contraste con su baja estatura. ¿Quien es? pregunté al hombre en cuya casa me estaba hospedando. El gaucho Antonio Maliqueo, me respondió. No se porqué su nombre me quedaría grabado por muchos días y su figura transitando a los pies de los árboles paso a ser uno de mis trabajos favoritos. Verle me dejo una enseñanza: visitar un lugar, ya sea un pueblo, una zona rural, una ciudad es visitar no solo paisajes, monumentos o atracciones sino también personas repletas de historias. Es nuestro deber rescatar el lado humano y social que convive justo a dicho paisaje. Les puedo asegurar que una persona a orillas de un gran lago pasaría a ser mas significativa que el mismo lago en soledad. Después de todo, personas como el gaucho Antonio Maliqueo le dan sentido a los lugares.
El gaucho Maliqueo nunca me vio mientras estuve en su pueblo. Nunca nos cruzamos y de seguro nadie le habló de mi. Sin mas, quizás nunca se entere que fue retratado por mi cámara, pero a dejado esta gran enseñanza que quise compartirles y que hoy en día, transmito.
Martín Sáez, 02 de Agosto de 2012.-

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