"Para la persona bien alimentada y con buenas ropas, el frío no es más que un placer, pero para el obrero, el mendigo, el peregrino o el inocente es el colmo de los males y de las calamidades. ¡Una desgracia, una desgracia, monseñor! Este frío hace la pobreza dos veces más dura, vuelve al ladrón mas astuto y al malvado mas cruel [...] Con los años mi memoria se ha debilitado y lo he olvidado todo, pero del frío bien que me acuerdo [...] Lo malo era cuando todo el cuerpo se helaba. Después de tres horas caminando en medio del frio, Señor, se pierde toda apariencia humana. Las piernas se endurecen, el pecho se agarrota, el viente se entumece y sobre todo se siente un dolor en el corazón como no hay otro [...] Te quedas entorpecido y rígido como una estatua, avanzas y tienes la impresión de que no eres tú quien camina, sino que otra persona mueve tus pies".
Fragmento de "La Helada", por Antón Chéjov.
En: Antón Chéjov Obras Completas, Tomo II. Pp.169. Editorial Aguilar. Año 2005.
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